El MIT ha comunicado hace poco que está mejorando las técnicas que permiten recolectar agua procedente de la niebla, algo que puede suponer, según la Organización Mundial de la Salud y UNICEF, la supervivencia de casi 900 millones de personas en todo el mundo, sobre todo en zonas donde las precipitaciones son escasas. La tecnología no es nueva y ya hablé de ella en algún artículo que publicó en su día el diario Público. He dividido la información en dos partes y, a continuación, publico la primera de ellas. La segunda parte puedes encontrarla aquí.

Millán Millán Muñoz, director del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), me habló en una ocasión de Robert Schemenauer, un meteorólogo canadiense que tras años trabajando para el gobierno de su país en cuestiones científicas decidió hace treinta años retirarse a una casa en las montañas. Allí desarrolló un sistema de recogida de agua procedente de la niebla que consistía en una malla de hilo de polipropileno –muy similar al nylon– que se encargaba de recoger el agua y almacenarla, con lo que se podía abastecer de agua a poblaciones enteras. De hecho, en la actualidad, existen pueblos del altiplano sudamericano cuyo único aporte de líquido procede del agua recogida de la niebla gracias a esta técnica, gracias al apoyo de FogQuest, una organización sin ánimo de lucro fundada por el propio Schemenauer y dedicada a poner en marcha proyectos para abastecer de agua a comunidades rurales en países en vías de desarrollo.

Es una solución que ya ponen en marcha ciertos insectos. Parece difícil imaginar cómo podría sobrevivir uno en mitad de un desierto que no conoce lo que es el agua de lluvia, pero ocurre. El ejemplo más claro se encuentra en Namibia, donde un escarabajo recoge en su cuerpo el agua que se condensa procedente de la niebla que cubre el desierto más de 200 días al año y después se la bebe, con lo que puede resistir largos períodos de tiempo.

Las plantas utilizan una técnica similar. No en vano, existen múltiples selvas en el mundo que sobreviven sin apenas lluvias. O árboles como el garoé, que abastecía de agua a los bimbaches, antiguos habitantes de la isla del hierro. Ahora, científicos de todo el mundo pretenden imitar estas capacidades de la Naturaleza para conseguir agua, sobre todo en zonas donde escasea.

Proyectos en España
En la actualidad existen pueblos del altiplano sudamericano cuyo único aporte de agua procede del agua recogida de la niebla gracias a las mallas desarrolladas por el canadiense Schemenauer. Los hilios de polipropileno –sujetos a un marco metálico hueco por el que se desplaza el agua– se colocan entre sí a una distancia de entre 35 y 45 milímetros, la distancia óptima para que la nube deje agua al impactar contra la malla.

Millán Millán Muñoz trabajó con el canadiense durante varias décadas e importó la inquietud del meteorólogo norteamericano a España y, sobre todo, a la Comunidad Valenciana. “La cuenca mediterránea ha sufrido un cambio tremendo en su estructura climática en los últimos 2.000 años, pero sobre todo en los últimos 30, porque se han perdido las tormentas de verano, que han sido sustituidas por la formación de bancos de niebla”, revela Millán.

Los dos proyectos del CEAM, uno de ellos finalizado y otro en vigor hasta este año 2011, se centran en conseguir agua de niebla para llenar las cubas de las que se nutren los helicópteros antiincendios. Millán afirma que se ha llegado a conseguir 700 litros por metro cuadrado y año, lo que supone una cantidad mayor que las precipitaciones anuales de la zona. “Se captura más agua de la que se pensaba, por lo que parte del agua de la cuba se utiliza para, con un sistema de goteo, reforestar casi todos los picos de montaña de la Comunidad Valenciana”.

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