Canarias es pionera en España en la utilización de la técnica mediante la que se consigue agua procedente de la niebla. Comenzó a utilizarse en el Parque Rural de Teno (Tenerife), donde el agua no sólo se utiliza para dar de beber a los animales del parque o a las aves migratorias que llegan a él, o incluso para ser usada por los guardabosques, sino que se ha utilizado para la reforestación de los bosques de laurisilva y Monteverde para introducir especies endémicas de las islas. A continuación, la segunda parte de este post.

En 2008, los chilenos Alberto Fernández y Susana Ortega consiguieron el primer premio ‘Next Generation’ concedido por la compañía constructora Holcim por su diseño de una torre recolectora de agua de niebla para la región de Huasco, al oeste del desierto de Atacama. Se trata de una zona agrícola del norte de Chile que depende del agua cada vez más escasa del río Huasca para irrigar las tierras de cultivo. De ahí, que el proyecto pretenda aprovechar la llamada ‘Camanchaca’, una niebla muy espesa que se forma cerca de la costa, desde Perú hasta el norte de Chile. Se trata de torres de 200 metros de altura cubiertas de plástico de alta densidad que capturaría las gotas de agua y las trasladaría a la base de madera donde se eliminaría la sal con un proceso de ósmosis inversa. Con este sistema se capturarían hasta 50.000 litros de agua al día.

En Tenerife, la laurisilva –conjunto de vegetación que ‘ordeña’ los bancos de niebla’– recibe el impacto de los vientos alíseos a 2.000 metros de altura y el agua que recogen nutre el acuífero de Tenerife. En palabras de María Victoria Marzol, catedrática de Geografía Física de la Universidad de La Laguna y galardonada en 2004 con el premio “Agustín de Bethencourt” por instalar en Tenerife un sistema artificial pionero en la captación de agua del mar de nubes de Canarias, con este sistema se ha conseguido obtener hasta siete litros de agua al día, sobre todo en verano, cuando escasean las precipitaciones. “En el archipiélago se obtiene tres veces más agua de la niebla que de la lluvia”, afirma Marzol. No en vano, a lo largo del año caen menos de 500 litros por metro cuadrado, mientras que gracias a la niebla se consiguen 2.600 litros por metro cuadrado”.

Al igual que en la Comunidad de Valencia, en Canarias también existen proyectos de investigación, como el que se está realizando en Anaga, donde se han instalado dos pantallas de doce metros cuadrados que captan 7,5 litros por metros cuadrado al día, es decir, unos 90 litros de agua al día.

¿Podría decirse entonces que podría ser un recurso viable en España? María José Estrela, profesora del Departamento de Geografía de la Universidad de Valencia (UV) y responsable de la unidad mixta de investigación Laboratorio de Climatología Meteorología CEAM UVEG, no quiere pronunciarse, aunque admite que “es un recurso potencialmente interesante y se podría evaluar”, porque los resultados son excelentes y la instalación no es cara. Por su parte, Marzol dice que es “impensable” que el agua captada del mar de nubes pueda solucionar los problemas de agua. “Es inviable captar tanta agua como para abastecer a una sociedad como la nuestra que consume en torno a 200 o 250 litros de agua al día”.

Una práctica internacional no exenta de problemas
El sistema de captación de agua de niebla se utiliza desde los años 80 en Chile, de la que se abastecen poblaciones enteras de hasta 2.000 habitantes. De hecho, durante los años 90 un grupo de captores de niebla en Chile estaba produciendo 11.000 litros de agua al día, cantidad suficiente para entregar 33 litros diarios por persona a la población de una localidad vecina (más del doble de la cantidad que estaban recibiendo transportada por camión). También en Perú el agua que se obtiene de la bruma se utiliza para la restauración de áreas forestales.

Desde 2000 se está utilizando este sistema en Marruecos, en la región de Boutmezguida, la más eficaz para la instalación de las pantallas. De esa forma, “se capta el agua de las nubes para instalar abrevaderos en zonas más cercanas a la población del lugar para abastecer a las más de 6.000 cabezas de ganado, que son la fuente de ingresos de estas familias”, comenta Marzol.

Pero la técnica no está exenta de problemas, aunque María José Estrela no ve ninguno, ni siquiera el posible peligro para la fauna. “No son mallas altas ni ocupan mucho espacio”, reconoce. Pero Millán apunta al poco espacio disponible para instalar los captadores. “En el Pico Montgó, cerca de la costa, el área de captura es de apenas una hectárea. Además, a veces la niebla –que se forma debido al impacto sobre las montañas del viento húmedo procedente del mar– sólo se forma las tardes de verano, a partir de 700 metros de altitud y apenas dura un cuarto de hora, cuando en zonas del Pacífico pueden durar incluso días”.

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